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¡Comer rico y comer sorprendente!

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Por: Q. A. Rosario Castellanos Ferreiro

Actualizado por: So Hee Beak

Es una realidad que hoy en día no comemos como comían nuestros abuelos, en todos los sentidos, el estilo de vida y el ritmo en el que se mueven las familias modernas no permiten disfrutar de esta antigua tradición; y con esto me refiero desde la manera en que se preparaban esas viejas recetas, dedicando tiempo a la manipulación y selección de la materia prima para crear suculentas entradas, sopas, platos fuertes y postres, que tenían la propiedad de reunir a la familia alrededor de la mesa deleitándolos con un desfile de  aromas que salían de la cocina.

Hoy se cocina rápido, con alimentos industrializados y/o de conveniencia, que ya vienen incluso listos para servirse, tratando de imitar los viejos platillos, pero sin conseguirlo realmente, haciendo de la hora de la comida una hora más al día, teniendo sólo como objetivo alimentar al cuerpo y ya no el alma como lo hacían las abuelas con su “caldito de pollo”. Podemos comer más rápido sin saber en realidad qué es lo que nos estamos comiendo.

Esta monotonía ha hecho que chefs y científicos junten sus conocimientos, experiencia y habilidades en la creación de nuevas recetas, de inventos que parecieran ser increíbles y muy difíciles de lograr, para devolver a la cocina su magia. Podemos sentarnos a la mesa y recibir un platillo burbujeante, un huevo estrellado que a la hora de comerlo es en realidad una gelatina de guanábana y mango, platillos humeantes que estimulan nuestros sentidos para generar ilusiones, recibir platillos con contrastes de colores y texturas que dejan a cualquier comensal sorprendido y a la vez esperanzado en que esa comida va a ser una de las mejores experiencias de la vida. Así es como surge una idea culinaria que ha sorprendido a muchos, llamada “Cocina Molecular”.

Esto, que bien podría ser un avance en la ciencia gastronómica, aprovechando el estudio de los procesos fisicoquímicos que se llevan a cabo en la cocina, el conocimiento de las propiedades físicas, su composición e incluso las reacciones que se pueden presentar para mejorar las cualidades sensoriales de un alimentos no han sido suficientes. Esta idea hoy en día está en picada, porque no se han cubierto todas las necesidades que el hombre tiene cuando se sienta a la mesa a comer.

¿Necesitamos sorprendernos? Sí, pero también se quiere comer rico, degustar porciones suficientes que no sólo satisfagan la necesidad de matar la monotonía, sino de satisfacer el hambre y el gusto, la necesidad de evocar recuerdos de tempos mejores.

La innovación gastronómica es un tema que ojalá no tenga fin, un tema que, a base de prueba y error nos va a llevar a crear dietas a base de platillos sorprendentes, deliciosos, nutritivos, y al alcance de todos; que nos permitan reencontrarnos con la cocina artesanal y fusionar lo moderno con lo antiguo, mejorar y hacer más eficaces los procesos, conocerlos a fondo para lograr un equilibrio entre lo rápido y lo deliciosamente sano; entre las texturas y colores mágicos con lo nutritivo. No nos dejemos llevar por modas pasajeras, por la comodidad de los productos industrializados, sigamos creando y explotando nuestros conocimientos para disfrutar de nuevo el arte del BUEN COMER.

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